Página de información y opinión de los hermanos y hermanas de la Real e Ilustre Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de las Aguas, el Señor Sentado en la Peña y Nuestra Señora de los Dolores (Guadalcanal).
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martes, 9 de noviembre de 2010

VI Convivencia: Manuel Rincón (texto)

Os ofrezco el texto completo que tuve ocasión de leer en la VI Convivencia de Hermandad celebrada en la ermita de Guaditoca el pasado 16 de octubre, como os adelantaba en la entrada inferior, en la que podéis ver el vídeo correspondiente. Con estas palabras intentaba resumir -misión casi imposible para un par de folios- mis quince años de pertenencia a la Junta de Gobierno de nuestra querida Hermandad a través de los diferentes cargos que he ido desempeñando: Diputado Mayor de Gobierno, Secretario, Teniente de Hermano Mayor y Diputado de Caridad. No se trata de una despedida, sino de un "hasta pronto".

Quizá fuera en un día de otoño como éste. Manuel López –a quien conocía y apreciaba desde pequeño por comprar en su estanco los “ABC” para mi abuelo- se presentó en el consultorio del SAS y me dijo que quería hablar conmigo. Le hice pasar a la salita de estar y, entonces, me contó que me habían incluido en la Junta de Gobierno de la Hermandad en el cabildo celebrado unos días antes. Supongo que se trataba de una iniciativa de nuestro recordado hermano Plácido. Era 1995. Yo ya figuraba como miembro de nuestra Corporación desde hacía dos años, aunque mi vinculación con “Los Blancos” es anterior: en una ocasión, siendo aún casi un niño y sin saber cómo lograron superar mi timidez, me vestí de lancero en la centuria que acompañaba el paso del Señor, de quien fui costalero –sin costal, con almohadilla- durante los primeros años de la década de los ochenta a instancias de Rafa Perelló, por entonces compañero de instituto y pensión en Llerena.

Y así, sin darme cuenta, me vi como Diputado Mayor de Gobierno de la Hermandad de mi niñez, la única que veía procesionar en Semana Santa. El primer cabildo de oficiales al que asistí fue en la terraza del, a la sazón, hermano mayor José Ramón Muñoz. A partir de ahí, cada martes, después de comer, nos reuníamos en su casa él, mi “madrina” Loli y yo y, mientras tomábamos café acompañado con algún dulce, hablábamos sobre los proyectos de futuro de la Hermandad. De esas charlas salieron, por ejemplo, el cambio de día de nuestra Estación de Penitencia o la adhesión de la Hermandad Sacramental. También, el primer boletín de Las Tres Horas, escrito a máquina, con las escasas fotos e ilustraciones pegadas sobre cuartillas y editado en fotocopias. Fuimos pioneros en disponer de nuestra página web en internet, alojada en otra que se llamaba Guadalcanal.net.

Durante tres o cuatro años asistimos a los encuentros que organizaban las Hermandades de los Dolores de la provincia; así, estuvimos presentes en El Cerro, El Viso del Alcor y Estepa, donde disfrutamos de un inolvidable fin de semana. Recuerdo con especial cariño los montajes de los pasos para Semana Santa, cuando casi todas las cofradías lo hacíamos en la misma iglesia de Santa María. Luego, cada Sábado, lo pasaba realmente mal antes y durante el recorrido penitencial: los nervios podían conmigo cuando me sentía impotente para controlar las filas de nazarenos. Otra cita obligada cada año era la jira para limpiar la candelería, donde en una deliciosa armonía disfrutábamos del campo y de nuestro interés común.

El desempeñar el cargo de secretario me permitió conocer con nombre y apellidos la relación de hermanos y hermanas, de todos aquellos que conformamos nuestra Corporación. Organizamos las misas mensuales en la capilla y quisimos acercarnos a los niños mediante unos modestos pero sinceros homenajes con motivo de su bautismo o su primera comunión. Hace unos años –con las nuevas reglas aprobadas- los afanes de nuestra Hermandad dieron un giro y se acercaron tímidamente a la caridad, de cuya Diputación fui hecho responsable. Sin género de dudas, es la labor de la que me siento más orgulloso, sin desmerecer a las demás. Así, la llegada de Sasha el primer año de acogida fue un verdadero acontecimiento, que siguió posteriormente con las incorporaciones de sus hermanos Pavel y Karalina, y de Pavel. ¡Cuántos momentos hermosos hemos vivido junto a ellos…! La ilusionada espera en la casa de Hermandad de La Cena, los recibimientos en la catedral, los actos de bienvenida en nuestra parroquia, las excursiones, el día a día… Promovimos igualmente las cuestaciones a favor de la lucha contra el cáncer, la colaboración con la residencia de ancianos y las campañas de Navidad. ¡Cuánto frío hemos pasado y cuánta lluvia nos ha caído encima esas noches de invierno pidiendo calzado, radiografías, medicamentos y alimentos para los más necesitados…! Siempre, eso sí, con una sonrisa en la boca y con la satisfacción que representa el sentirse útil para los demás.

Desde 1995 hasta hoy nuestra Hermandad se ha engrandecido en todos los aspectos, gracias sin duda a la compenetración de los hermanos y de los componentes de sus distintas Juntas de Gobierno. Desde aquí quiero tener un recuerdo para todos mis compañeros durante estos quince años, pero, sobre todo, para quienes han continuado al pie del cañón desde aquella foto de la función de 1996: Rafalito, Manolo, Marian, José Ramón y María José. Quisiera hacer referencia igualmente y agradecer su labor a nuestros tres directores espirituales: el Padre Eduardo (q.e.p.d.), don Gabriel y don Juan Carlos (siento haberle defraudado).

El mes de julio próximo esta Hermandad tendrá (D. m.) nueva Junta de Gobierno de la que yo ya no formaré parte. La vida nos va presentando diversos caminos entre los que hemos de optar para seguir adelante y sin estar siquiera seguros de que elijamos el más adecuado. Además, tengo la convicción de que en estos últimos meses no he atendido debidamente las funciones que se me habían encomendado. Pido disculpas por ello. No soy de aquellos que se “apuntan” a un grupo para figurar, sino para trabajar. Está feo que yo lo diga, pero en este tiempo raro es el día en el que no he hecho algo por la Hermandad. Por eso, ahora que no me es posible, lo mejor es dar paso a una nueva generación que aporte frescura, ideas e ilusión. Ha sido para mí todo un orgullo recoger, mantener y legar la tradición y el patrimonio confiado por nuestros mayores y he llevado con honra el ser “de los blancos”. Lo comentaba con mi querida Marian en la última procesión que compartimos, la de subida de la Santísima Virgen de Guaditoca al convento: voy a añorar tantas experiencias vividas, imposibles de resumir en un par de folios, pero, como dice mi admirado Antonio Gala: “Echar de menos es también una forma de entregarse”. Gracias por estos quince años, por todo y que Dios os bendiga.
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