En la pasión tus labios se han sellado,
siete palabras dices en la cruz,
llenando esta oscuridad de luz,
mi dulce y buen Jesús Crucificado.
Al mirarte el pecho traspasado,
descubro latiendo tu corazón,
manando por nosotros tu perdón,
mi Cristo de las Aguas bien amado.
Al verte en el madero maltratado
me pudo tu infinita compasión;
tu amorosa mirada me ha ganado.
Quiero ser para siempre un buen ladrón,
estar contigo siempre, ahí clavado,
decirte cara a cara mi oración.

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